La igualdad laboral entre hombres y mujeres continúa siendo una meta lejana a escala mundial. Así lo recoge el último informe del Banco Mundial, que concluye que apenas el 4 % de las mujeres en el mundo disfruta de una paridad real y efectiva en el mercado de trabajo. El dato desmonta buena parte del discurso triunfalista que, desde algunos ámbitos políticos, sostiene que la brecha de género es un problema prácticamente superado en las economías avanzadas.
El estudio analiza marcos normativos, acceso al empleo, protección social y oportunidades de promoción profesional. Aunque en las últimas décadas se han aprobado leyes de igualdad y medidas de conciliación, la realidad muestra que las diferencias salariales, las dificultades para acceder a puestos directivos y la inestabilidad contractual siguen siendo habituales en la mayoría de países.
España aparece entre las naciones con mejores indicadores de participación femenina. Sin embargo, el propio informe advierte de que incluso en los entornos más desarrollados persisten desequilibrios estructurales. La igualdad formal recogida en la legislación no siempre se traduce en una igualdad material en el día a día de las trabajadoras. En un contexto marcado por la desaceleración económica global y la incertidumbre geopolítica, el documento subraya que las políticas públicas deben ir más allá de la retórica. La paridad no puede limitarse a cuotas simbólicas o a campañas institucionales, sino que exige reformas profundas en el funcionamiento del mercado laboral.
¿Qué revela el informe sobre la brecha laboral femenina a nivel global?
El análisis del Banco Mundial pone cifras a una realidad incómoda: en la mayoría de los países, las mujeres siguen afrontando barreras legales y económicas que limitan su autonomía. En algunos Estados, aún existen restricciones normativas que dificultan el acceso a determinados sectores o condicionan la capacidad para emprender.
Además, la desigualdad no se limita al salario. El informe señala que las mujeres soportan una mayor carga de trabajo no remunerado, especialmente en tareas de cuidados. Este factor reduce sus opciones de desarrollo profesional y perpetúa la dependencia económica. La falta de infraestructuras adecuadas y de incentivos eficaces agrava la situación en economías emergentes.
Desde una perspectiva crítica, el documento invita a cuestionar la eficacia de ciertas políticas basadas exclusivamente en el gasto público. Sin crecimiento económico sostenido y sin un mercado laboral dinámico, la igualdad real se convierte en un objetivo difícilmente alcanzable.
España entre los países mejor posicionados, pero con retos pendientes
En comparación con otras regiones, España presenta indicadores relativamente positivos en participación femenina y acceso a derechos laborales. Las reformas legislativas aprobadas en los últimos años han reforzado la protección frente a la discriminación y han ampliado los permisos de conciliación.
No obstante, el informe advierte de que la brecha salarial y la escasa presencia de mujeres en puestos de alta dirección siguen siendo desafíos relevantes. La igualdad legal no garantiza automáticamente una igualdad efectiva. Persisten inercias culturales y dinámicas empresariales que requieren cambios estructurales.
Desde una óptica conservadora, resulta imprescindible analizar también el impacto de la rigidez normativa y la presión fiscal sobre la creación de empleo. Un mercado laboral más flexible y competitivo puede favorecer oportunidades reales para hombres y mujeres sin depender exclusivamente de intervenciones administrativas.
¿Qué soluciones propone el Banco Mundial para avanzar hacia la paridad real?
El organismo internacional apuesta por reformas que impulsen la libertad económica, la seguridad jurídica y la eliminación de barreras regulatorias. La mejora del acceso a la financiación, el fortalecimiento de los sistemas de protección social y la promoción del emprendimiento femenino figuran entre las prioridades señaladas.
Asimismo, el informe insiste en la necesidad de invertir en educación y formación orientada a sectores estratégicos. La capacitación en áreas tecnológicas y digitales puede reducir la brecha en empleos de alta cualificación, donde las diferencias de ingresos suelen ser más acusadas.
En definitiva, el diagnóstico es claro: la igualdad laboral total sigue siendo excepcional. Mientras solo un 4 % de mujeres alcance una paridad real, el debate no puede darse por cerrado. Más allá de consignas ideológicas, la solución pasa por fortalecer la economía, garantizar oportunidades y apostar por políticas eficaces basadas en resultados medibles.
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